La insoportable levedad de Kundera

lunes 16 de febrero de 2009

Metatitular, titular citando el título de un libro o una película se veía en la facultad como una flagrante carencia de originalidad. "La insoportable levedad del ser" es un título con el que hemos visto jugar titulares, y con el que leeremos y veremos jugar todavía centenares de veces. (Sujeto: titulares). Es tan irresistible.

"La inmortalidad" es levedad y efectismo. Una colección de historias y almas casualmente entrelazadas, en giros narrativos que intentan ser sorprendentes, y en vidas marcadas por primeros besos infantiles y traumáticos. Como si no supiéramos todos ya que el primer beso siempre es traumático. Como si no viviéramos todos aferrándonos con todo lo que nos queda al presente. Almas que se cruzan en París, mujeres misteriosas y sofisticadas de elegantes vestidos ceñidas a sus generosas caderas y vidas repletas de amantes. Un enigmático profesor que vive con la paranoia o el descubrimiento real de una sorda conspiración que rige nuestros destinos, aún sin esbozar siquiera los inquietantes modelos de los hombres torturados y misteriosos de Hesse o Sábato. El Homo Sentimentalis que convierte su necesidad de afecto y colecciones de aventuras amorosas en una necesidad fisiológica más, en centro de su vida, siempre apegado a lo terrenal. Algunas escenas de cama con calzador, coitos paranoicos y sexo tan cargado de estrategias, culpabilidades y estratagemas que estresa incluso al lector. No, todo esto no era original ni siquiera en 1990, fecha de la primera publicación de libro.

Hay sin embargo, un personaje que se salva de la quema. Está fabricado con un sonoro endoesqueleto de sentido común, tan sonoro que a pesar de estar firmemente arraigado en su interior aflora a su pensamiento en cada manifestación, en cada diálogo. Su piel es de personalidad y decisión, porque a pesar de todos los ataques que recibe, permanece inamovible en su cordura.

Lo más llamativo de este personaje es su visión de la cultura, defendiendo la autenticidad frente a lo pretencioso, Goya frente a Barceló y Tàpies, gafapastismo vs intelectualidad. "Ser absolutamente moderno" era la consigna de Rimbaud. Por encima de los gustos personales. Mi defendido, Paul, se da cuenta de que la modernidad permanentemente cambiante es lo que realmente nos hace viejos de alma. Es lo que nos obliga a traicionar nuestros gustos pasados. Es el imperativo cultural que nos pone en evidencia cuando el goce de compartir el disfrute de una obra supera al goce que nos proporciona la obra en sí. Aunque quizá debamos hacer caso de El Oso, que irónica y tal vez sabiamente le acusa de cinismo, de miedo, de ser tan inteligente como para atreverse a intentar justificar el más injustificable de los argumentos: la antilógica, la no argumentación, la rendición al fin de los pensamientos. El nihilismo cultural.

Y hay también algunas reflexiones interesantes, aunque apenas levemente esbozadas, entre el caótico torrente de reflexiones vitales que vierte Kundera. Quizá la cuestión central sea la más jugosa, aunque nos haya sido repetida hasta la saciedad: no se ama a la persona amada, sino que se ama el amor (o este fantástico invento concpetualizado por nuestros días), se ama la historia de amor y se ama nuestro starring role, nuestro nombre para la posteridad, nuestra imitación de una película de Truffaut o de un libro de... Kundera, por ejemplo. En este caso, Bettina Von Arnim, que ama al viejo y desdentado Goethe, no por él mismo, sino porque ve en él su vehículo a la inmortalidad. Aunque Goethe no se atreve a renunciar a su vida cómoda por este amor cuya finalidad egoísta ve con claridad, Bettina consigue su objetivo, aunque sólo sea con esta cita en este blog, siglos después de su muerte. Christiane, la espalda que Goethe acariciaba cada noche, su fiel esposa, prueba sin embargo que la inmortalidad es un absurdo transitorio, y, lo que más irónico y desesperante para Bettina, absolutamente azaroso. El encuentro de Hemingway y Goethe en el cielo es la más suprema burla de la gloria. Ambos abominan de la imagen que de ellos representa la posteridad, aunque se consuelan pensando en lo efímero de su fama en el correr de los tiempos.

También he descubierto (quizá se deba a mi paulatina, palatina y gradual transformación en bodhisattva) algunos puntazos zen en el libro... aunque últimamente no dejo de ver el zen por doquier. Agnes tumbada en el campo, experimentando unos instantes de paz liberada de su autoimagen de triunfadora y de sus anhelos insaciables, sola con su yo y levemente disuelta en un satori que disuelve ese pequeño ego. La reflexión sobre la felicidad implícita en el ser, en el existir, y que la acción, el vivir, va destruyendo. Ser frente a vivir. Actuar o contemplar. Amor o convento. Batalla, rendición, ser o no ser.

Prescindible Kundera. Demasiado obvio, demasiado evidente, sin acierto en la recreación de ambientes, carente de profundidad psicológica, dejándonos escapar sin recuerdo y sin caricia en el espíritu. Seguiremos buscando en la biblioteca.

La televisión es cultura!!

martes 3 de febrero de 2009


Vas al teatro, a conciertos, lees libros, ves pelis y pelis, te dejas arrebatar buscando algo que te toque la fibra sensible, y no haces más que encontrarte bodrios y los mismos arquetipos de siempre. Y, un día, pones la tele, y te dejas arrastrar por un cuento hermoso, narrado de forma sencilla, sin ninguna pretenciosidad, sin condicionantes ni afiliaciones a ningún tipo de modernismo. Que levante la mano el que no se emocione al final. Y todávía hay un montón de gente que se enorgullece de no ver la tele. Ja, ja, ja.


Y algo más divertido, para los amantes de la ópera y el virtuosismo del holofonor. Con el olímpicamente mitológico personaje del demonio robot y la increíble voz de su doblador en español. ¡Hola Bender, Fry! ¡¿Habéis vuelto en busca de más condenación eterna?!


http://www.cinetube.es/series/futurama/temporada%204/futurama_18.html

El Emperador (Una Entrada Con Bloq Mayús)

sábado 31 de enero de 2009


Desde que le conocí, histórico y asombroso, alrededor de los 25 años, siempre me pregunté cómo era posible no haber oído hablar de él en este maravilloso mundo que por fin comprende que el mito es pop-art porque no hay nadie que pueda vivir sin conocer con la misma exactitud e insistencia el número uno de los 40 y aquel que nos envía la lluvia. No es el último emperador, no es el negro de Washington más poderoso del mundo, no es un Idi Amin por el que los mártires lloran sin parar (¿quién les hará sufrir?). Es el Rey de Reyes, el Señor de los Señores, el León conquistador de la tribu de Judá, el emperador de Etiopía. Para muchos Rastamanes es el enviado de Jah (Jahovia, Yavé, Jeová, Ieova, el mismísimo Dios, coño, el oso en persona) en la tierra, el que tiene el poder de abrir el séptimo sello de las profecías del Apocalipsis, el descendiente directo de David y Salomón cuya genealogía será probada el Día del Juicio por el Kebra Nagast, el libro de los Reyes. Aquel que une en su persona la adoración de todos los creyentes de la religión más antigua, de todos los hijos del África negra, el que, de haber sido reconocido, hubiera sido el líder con mayor número de súbditos en la Historia hasta el día de hoy. Ras Tafari Makonen, (de aquí el nombre rastafari, rastaman, rasta), entronizado como Haile Selassie I, cuyo nombre se pronuncia tras exhalar la última bocanada del denso humo del ganja, y arrastrando pesadamente en la dulce somnolencia ritual cada sílaba de su reinado.

Se acerca hasta él Kapuscinski, el periodista, en el libro "El Emperador", desnudándole de todas sus dignidades, reales, imperiales, divinas, aunque respetándole en las humanas. Es quizá una de las biografías más objetivas que he leído en mi vida, y sin duda sobre el personaje sobre el que más difícil es posicionarse objetivamente. Esta es la grandeza de Kapuscinski, el maestro, tal y como debe ser vendida en cada facultad de este mundo. Periodismo no es viajar, jugarse la vida, caminar sobre los cristales rotos de las guerras, juicios políticos, escándalos destapados, mierda y basura rebuscada sobre Aguirre, delirios de grandeza del nuevo periodismo, romanticismo de la profesión del teletipo, del reporterismo, de la investigación, de Pedro J .y sus tirantes, de Ansón y su imperio de mecenazgo cultural. Periodismo es verdad y objetividad. Es Kapuscinski en "El Emperador".

Haile Selassie I, El Enviado de Dios, es, ante el periodismo, como Dios, datos objetivos. El autor los dosifica de forma apasionante y estremecedora, sin someterlos a juicios ni valoraciones. Recoge el testimonio de un hombre que se dedicó, como única función, a portar el cojín del trono de Su Más Sublime Majestad durante veintiséis años. Otros tres funcionarios se dedicaban en exclusiva a abrir y cerrar cada una de las tres puertas de la Sala de Audiencias en el momento exacto del paso del Muy Altísimo Señor para no menoscabar la dignidad de su imagen imperial. Durante diez años, El Emperador tuvo un perro, y por consiguiente, un funcionario destinado exclusivamente, no ya a cuidarlo, sino a recoger sus heces del palacio, pues el can era libre de hacer sus necesidades donde le viniera en gana, y a ningún dignatario de la corte le estaba permitido mostrar el más mínimo signo de desagrado, aunque, como sucedió en varias ocasiones, la real mascota se les orinara encima. Su Suprema Majestad poseía un jardín en palacio con un pequeño parque zoológico privado, en el que gustaba dar de comer personalmente por las mañanas a sus leones, osos, panteras. También poseía la colección de coches más extensa de todo su continente y una de las más importantes de todo el mundo, con los últimos modelos de las más prestigiosas marcas europeas y norteamericanas.

El Venerable y Bondadoso luchó con mayor fruición que por su bienestar y por su vida por su pueblo y su raza. El 4 de octubre de 1963 pronunció en las Naciones Unidas un inolvidable discurso en favor de la igualdad de los derechos de todos los hombres independientemente de su raza y nacionalidad, en el que manifestaba a su vez su intención de luchar por esta causa, si era necesario, con la confianza total del triunfo del bien y la justicia sobre el mal. Tan simple, sencillo y maniqueo que todos los líderes mundiales debieron bromear y reírse entre dientes al ver al anciano y digno emperador en la palestra, recordándole las constantes muertes por hambre en su propio país.

De cal, de arena, de feudalismo y de progreso, de tierra seca y polvo de muerte, de ideales de modernidad, progreso y justicia, de sublevaciones, asesinatos, justicia e injusticia, de todo ello da cuenta Kapuscinki de forma asombrosamente sencilla, expositiva, amena, desapasionada y apasionante. Estilo periodístico pero con una temática que por sí misma lo hunde hasta el fondo de la literatura: el más grande rey que la humanidad ha conocido. El maestro de periodistas es plenamente consciente y escribe sobre un inmortal sabiendo que su propia crónica rebasará las fronteras de su muerte, jugando con el lector a esconder todo este arte en el lenguaje sencillo de la pura recreación del acontecimiento. Como el día en el que el enviado de Dios llegó a la tierra. El periódico del día siguiente no servía sólo para envolver pescado, ni era lo más viejo de este mundo. Era literatura. El Emperador, de Kapuscinski.

En 10 años drogas y videojuegos serán socialmente alabados

sábado 24 de enero de 2009

http://www.larazon.es/noticia/los-videojuegos-aumentan-el-consumo-de-drogas-en-los-joveness-3

Pero, por supuesto, si viene avalado por un estudio de una universidad norteamericana, es cierto. Si una universidad norteamericana hace un estudio para demostrar que Barack Obama es blanco, lo publicarían todos los periódicos del mundo. Responsabilidad: la fuente.

Lo más gracioso es que después de leer lo absurdo de la deducción y lo ridículo de la muestra, el periodista se ha decidido por el titular categórico para regocijo de todas las abuelas de España.

Clásicos básicos

lunes 19 de enero de 2009

El contrato social, de Jean-Jacques Rousseau (cariñosamente JJ en adelante) es, según el prólogo, "una de las obras clásicas de la ciencia política, un libro de valor eterno..." Nada como acercarse a los pilares del pensamiento de la cultura occidental y de la democracia, es decir, a nuestros pilares, para apreciar las terribles grietas estructurales que los adornan, para oler con la pituitaria de los dogmas el hedor de tantos planteamientos ancestrales y superados. Se justifican, sin embargo, las constantes incongruencias que aderezan los argumentos porque dan al libro un tono cuasi humorístico. Es, resumiendo, de coña. Lo que da más miedo es pensar cuántos mitos como éste nos han vendido, a razón de varios centenares de mitos por curso, a razón de tantos cursos por alma en los diez años de escolarización obligatoria.

¿Me atreveré, después de esto, a leer "El príncipe" de Maquiavelo? ¿Me acercaré a saludar a Montesquieu? ¿O será "El capital" quien me acompañará los próximos días en el autobús? ¿Por qué no hay una oficina de reclamaciones de la cultura para que vayamos protestando por cada incongruencia con la que nos tropezamos en el camino? ¿Por qué cuando alguien dice que un libro es un clásico nada en él es ya discutible?

Algunas perlitas.

"Todo hombre nacido en la esclavitud nace para la esclavitud, no hay nada más cierto. Los esclavos pierden todo en sus cadenas, hasta el deseo de salir de ellas; aman su servilismo, (...) La fuerza ha hecho los primeros esclavos; su cobardía los ha perpetuado".

"Si hubiese un pueblo de dioses, se gobernaría democráticamente. Mas un gobierno tan perfecto no es propio para los hombres"

"He aquí como en cada clima existen causas naturales, en vista de las cuales se puede determinar la forma de gobierno que le corresponde, dada la fuerza del clima (...) por el efecto del clima, el despotismo conviene a los países cálidos; la barbarie, a los fríos; y la perfecta vida civil a las regiones intermedias".

"Los rusos no serán nunca verdaderamente civilizados, porque lo han sido demasiado pronto. (...) El Imperio Ruso querrá subyugar a Europa, y él será subyugado. Los tártaros, sus súbditos o sus vecinos, llegarán a ser sus dueños y los nuestros: esta revolución me parece infalible".
(JJ murió en 1778. Un cuarto de siglo después, tras la derrota de Napoleón en su campaña en la Santa Madre, las tropas rusas entraban victoriosas en París)

Jocoso, isn´t it? Y muchas otras...

El ensayo es superficial cuando Rousseau aborda innúmeros temas, trepa y retrepa cual macaco literario por las infinitas ramas de la ciencia política y plantea un torrente incesante de cuestiones sin pronunciarse acerca de ellas (todas esas cuestiones ya las conocían en tu época, JJ, a qué replantearlas) y se columpia de forma espectacular en su esqueje favorito, un análisis de la democracia romana en los capítulos postreros completamente innecesario y fuera de lugar, impertinente, desgajado de la tesis central del libro.

Esta tesis central es una teoría política, que, como toda teoría política, hasta la empleada en una clase de primaria para elegir al delegado, es perfecta, congruente e infalible en sus bases y desarrollo. Nos habla de un contrato social adquirido voluntariamente por el ciudadano con el/la ______(fill in the blanks con uno de los términos tan variables en el contexto histórico, tan empleados y malempleados que acaban por perder su sentido: República-Estado-Gobierno-Poder-País-Nación). La voluntariedad de este compromiso (no legal, a pesar de su nombre) convierte automáticamente el bien común en el bien individual. Por lo tanto, ningún ciudadano actuará contra el Estado, no ya por egoismo, sino por propio interés. JJ ya conocía el espíritu americano y el trabajar para los USA mucho antes de las campañas posteriores al Big Crack. No te preguntes lo que tu país puede hacer por tí. Aunque JJ no acabó tan mal como JF, también fue perseguido por sus ideas (¿Dios mío, será mentira también? ¿Será la tierra plana?). No cedamos al negacionismo, compañeros. JJ, tocado y hundido. Continuemos.

La deslumbrante perfección de este argumento del interés mutuo se sostiene sobre el lago del fracaso apoyado en la finísima hoja del nenúfar de la unanimidad. Es decir, para que funcione este entramado, todos los ciudadanos deben rubricar, aunque simbólicamente, este lascivo y perfumado contrato. No cabe oposición ni minoría. Aquel que no esté dispuesto a suscribirlo, a beneficiarse de sus ventajas y sufrir sus obligaciones, es libre de abandonar el país. (Me recordó el discurso de la recientemente estrenada y muy recomendable "Mi nombre es Harvey Milk", probable vehículo de Sean Penn al Oscar que le debemos desde Shangai Surprise). ¿A qué país iremos, JJ, dónde no nos obligarán a firmar un contrato por el mero hecho de existir? ¿En qué país no hay documentos de identidad? ¿En que país es el hombre un animal social pero libre de la Sociedad?

A partir de aquí, democracia, oligarquía, autocracia, monarquía, son, para JJ, sistemas legítimos de gobierno, en función de las circunstancias de cada país. Parece que lo único que cuenta es el respeto a la autoridad, independientemente de que ésta esté repartida entre uno, dos, mil, o la totalidad de los ciudadanos (soberanía por cierto no delegable ni representable, un punto para Rousseau) ¿Pero, por muy irracional que sea esta autoridad, JJ? Suena a castrense, a absurdo, a fracaso.

No vale cebarse. Criticar incongruencias es muy fácil y difícil elaborar un discurso propio, pero no seré yo el autor del régimen político (o espiritual o religioso o de una índole que todavía no nos es dado conocer) que adornará el siglo XXII. JJ supuso un avance, sobre todo en la novedad de otorgar a cada hombre una ciudadanía efectiva y eficazmente igualitaria, desde el más alto miembro del Clero o la burguesía hasta el último campesino francés devorado por los piojos del siglo XVIII, sólo por firmar un papelajo de sueños, un contrato utópico y (qué hermoso) social. No es de extrañar que le echaran de Francia, con el contrato enrollado y metido por el hojaldre de la historia.

Antisistemas

miércoles 24 de diciembre de 2008




¿Pero cómo puede considerarse ofensivo el término antisistema?


¿Pero cómo puede nadie definirse como pro-sistema defendiendo y responsabilizándose de esta manera de uno de los peores momentos de la historia de la humanidad?


Call me antisistema, call me punk, call me radical, call me antiglobalización. Nunca digáis de mí que estoy conforme con esta injusticia permanente, nunca digáis que no lo manifiesto, nunca recordéis que fui tibio o mesurado a la hora de oponerme, y recordad siempre, que yo, el que un día pedí que no existieran fronteras, escribí en un blog que prefería las fronteras impermeablemente selladas a la constante y bicentenaria opresión de unas culturas a otras.


Caramba!! Nochebuena politicamente radical. A las barricadas de langostinos.

Críticas constructivas

-¿Y de qué hablas en tu blog?
-Del sentido de la vida.
-¿Por eso es tan pretencioso? Utilizas muchos cultismos. Tu sintaxis es innnecesariamente enrevesada. Tu estilo es confuso, autocomplaciente y artificioso. Deberías escribir de algo que le interese a más gente.
-JAJAJA Tienes razón. ¿A quién puede interesarle el sentido de la vida? A partir de ahora escribiré sobre las aventuras de los Manowar. Escribiré como hablo y no como pienso.

¿Quién quiere salvar una vida?

lunes 22 de diciembre de 2008

Apenas empezar a conocer un poquito acerca de esa apasionanete rama del conocimiento denominada demografía, y se le derriten a uno toda la solidaridad, las teorías y utopías políticas, los remedios soñados contra el hambre, las enfermedades y la pobreza, y todos los finales pacíficos de la Historia que uno pueda haberse imaginado.

Dediquémonos a salvar nuestras pequeñas almas, aquí, sin ir más lejos, y ahora, sin esperar más tiempo.

Y para empezar, http://www.gapminder.org/... Atención al gráfico animado de la evolución de la esperanza de vida por países. Boquiabiertos y ojipláticos. Para perderse durante horas navegando...

Rasta

Tumbado, la hierba punza vehemente la superficie de la piel o acaricia y crece en pocos segundos alrededor del cuerpo hasta abrazarlo y destruir hasta la más leve molestia física de estar vivo dentro de los sentidos anhelantes.

Cada vez que se apagan las luces en el cine y durante todo el tiempo que ha creído necesario un hombre me cuenta y me enseña todos las historias que quería y podía mostrarme, y con claridad percibo y entiendo, y con certeza recuerdo que todavía no hay alma ni idea que no pueda beber y apurar y hacer míos, veo ante mí el cuerpo personificado de I & I, la efigie de Su Majestad Imperial Haile Selasie I, el León Conquistador de la tribu de Judá.

Para Rasta, no existe yo, tú, él, nosotros, porque para Rasta todo es I & I. Tumbado, la hierba se entrelaza en los dreadlocks y tira de él hundiendo su cabeza en la tierra y llenando de esta manera sus ojos de barro, ojos que no quedan ciegos, sino que pueden entonces ver las entrañas de la creación. El león puede ver en aquellos instantes, sin separarse de la conciencia, cierto de que no es un sueño intemporal sino una percepción en el ahora, que todo es una pequeña manifestación del ser unitario que componemos.

Cada día que veo la violencia, el asesinato y la guerra con mis ojos, así como el heroísmo, la entrega y la abnegación, he aquí que veo y comprendo. Algunos dicen que el que ve y comprende es dueño de elegir su camino, en consecuencia. Otros dicen que vemos y comprendemos porque todos somos la misma esencia modulada, acariciada y golpeada por cuanto nos rodea. Pero ante, todo, yo veo y comprendo. Así como otros también ven y comprenden. Así como todos ven y comprenden.

La yerba vehemente y la naturaleza vehemente consuelan al Rasta cuando él se entretiene demasiado en intentar, confiado ciegamente en la ceguera del aire transparente ante sus ojos y la fuerza de sus brazos, romper las olas y mover las corrientes en la superficie del mar de la existencia. La yerba abraza al Rasta y le lleva al fondo del océano del ser, se convierte en leves briznas de agua, y sin invadir el interior por sus orificios, toca cada punto de su forma y la ahoga en la pradera abisal del ser único, en la que crece la religión capaz de transformar soledad en comunión.

Entre la oficina y el parque, desde mi casa a la lejanía, la empatía con el victorioso, incluso con mi todavía joven y probable verdugo, es un tupido lecho para la derrota. Las ramas secas de cada sufrimiento arañan mientras tanto mi piel desnuda mientras camino con mi sudadera de capucha como único escudo por las avenidas de Babilon.

Rasta sabe que el lenguaje es suave cama o incesante flagelo como la yerba vehemente. Por eso no separa conceptos unidos en vocablos separados, en categorías, sombras de cavernas y juicios. Por eso llama I-ration a la "creation", I-tation a la "meditation" y I&I a tí, a mí, a nosotros, a vosotros. Por eso Rasta gusta, de vez en cuando, de tumbarse en la hierba a recitar sus salmos mientras, incómodo, dormita acostado sobre la tierra y arropado por el cielo.

Ilsebill rectificó de sal.

domingo 30 de noviembre de 2008

Así, desde la primera frase, Günter Grass nos lleva al verdadero motor de la Historia. La cocina, popular o refinada, venenosa incluso, circunstancial o vocacionalmente maternal, tomada como alegoría de la relación eterna entre los dos sexos (o géneros, para nuestros lectores más queer).

"El rodaballo", novela que desarolla el milenario cuento del pescador y su mujer permanentemente insatisfecha con sus capturas (o quizás permanentemente insatisfecha, sin más), es la apasionante e irónica revisión de la tradicional visión falista en la que el matriarcado original y neolítico detiene el progreso en una prehistoria de necesidades satisfechas, sexo complaciente sin amor ni letales pasiones renacentistas, prehistoria de recolección sobrante, libre de conflictos y ambiciones comerciales, nacionalistas, egotistas. El patriarcado, por el contrario, es el despertar de la necesidad, del ansia de dominio, de la ambición que nace con el comercio, de la guerra que viene de la mano con el espíritu viril, del miedo a la libertad que crece con el desarrollo de las infinitas posibilidades, de la locura que acompaña a la creación artísitica.

A través de todos los tempotránsitos goticoflamígeros del (los) protagonista(s) -siempre una misma identidad masculina y femenina que adoptan diferentes "reencarnaciones" en diferentes periodos históricos-, el contexto se ve recreado con apasionante maestría y cotidianeidad, y los grandes nombres y fechas (Historia, Edad Media, Santo, Comunismo, Emperador) se ven retratados en minúsculas en las pequeñas menudencias del ser humano físico, débil, limitado, que todos los días debe regresar a casa a la cocina, al lecho, al calor, sin los cuales no puede llevar a cabo sus grandes empresas de creación, de guerra, de conocimiento, de valentia, de ideología.

Y el pequeño empate de los sexos, en el miedo de ambos a la victoria del contrario. El hombre que se sienta en la playa esperando que su amada consume en las profundidades del mar su infidelidad con el rodaballo, para perdonar y olvidar, para subordinar su dignidad a su afecto y dependencia. La mujer que pelea organizando ridículos tribunales feministas -feminales- contra el control, contra la imposición, contra la propiedad, contra el matrimonio, y que sin embargo ama sin reservas al encarcelado de por vida. "Con igualdad de derechos, aunque Ilsebill sostenga que el privilegio de penetración masculino difícilmente puede compararse con el miserable derecho femenino a negar la entrada".

Arquetipos que, apenas esbozados, se desdibujan y convierten en caricaturas rotuladas con tretas, asesinatos, infidelidades y fidelidades vitales, fantasía, reacciones y psicologías inesperadas de los amantes. Revisionismo de todos los roles, feministas, lesbianas, alcahuetas, enamorados, guerreros, seductores. Y muchísimo humor, que alcanza cotas desternillantes en algunos pasajes memorables: el pequeño neolítico que se apunta a las migraciones godescas para no perder el tren de la Historia y su vuelta a casa tras ser violado por un godo desdentado, con el consiguiente fregoteo cruel y perpetuo de su Mestuina. El gran corro tribal de hombres excretando en comunidad y animándose a voces los unos a los otros. O el memorable pasaje intitulado "Greta la gorda tenía un culo". Divertidísmo. y, este último, casi necesario derribando las fronteras del mal gusto.

Historias y poemas para el recuerdo (el robo del fuego, el asesinato en el Día del Padre) guiadas por un atrayente personaje central, asexual aunque tendente a la masculinidad. Un rodaballo, encarnación del espíritu del mundo y condenado al extremismo por su misma neutralidad: artero consigliere de turbias motivaciones conocedor de los entresijos del ser humano, pero ignorante de su esencia; bondadoso y complaciente para con ambos sexos, alternativamente, pero perjudicial y traidor por advenedizo; culto y resabiado a la par que inocente y confiado; juez de los hombres para concederles o retirarles su divino favor, pero a la vez víctima y condenado de sus devociones, su agradecimiento o su indiferencia y responsable de su devenir (como le señala el feminal).

Resolvemos pues absolver, desde este pequeño tribunal masculino, bloguero e intrascendente, a cualquiera que se lance al universo abigarrado, trascendental, impactante e ilustrativo que nos ofrece el nNobel alemán en esta novela introductoria, casi caótica en la inmadurez y la sabiduría intempestiva con que fue escrita, preludio a la popular "Trilogía de Danzig" (que incluye la famosa novela "El tambor de hojalata").

Los dos
No dice mi, dice la mujer.
A la mujer no le gusta.
Eso tengo que hablarlo antes con la mujer.

Miedo anudado en nudo de corbata.
Miedo de volver a casa.
Miedo de ceder.
Los dos, con miedo, se poseen mutuamente.

El amor reclama sus derechos.
Y el besito habitual después.
Sólo cuenta ya la memoria.
Los dos viven del valor en litigio.
(Los niños observan algo por el agujero de la cerradura
y deciden que más adelante no harán lo mismo.)

Sin embargo, dice él, sin la mujer no tendría tantas cosas.
Sin embargo, dice ella, él hace lo que puede y más de lo que puede.
Una bendición que se convirtió en maldición y, como maldición, en ley.
Una ley que cada vez se hace más social.
Entre los armarios empotrados, ya pagados totalmente,
el odio hace nudos en la alfombra: no es fácilmente lavable.

Los dos se descubren uno a otro,
cuando son los bastante extraños,
únicamente en el cine.

De El rodaballo, Günter Grass